Coraje frente al cáncer

Pablo Álvarez, agregado del Opus Dei, es redactor de asuntos sanitarios del periódico asturiano La Nueva España y colaborador de la revista Nuestro Tiempo. Tiene 39 años y acaba de publicar “Coraje frente al cáncer”, un libro que recoge testimonios de personas afectadas por tumores. Afirma que el libro intenta dar una respuesta a la demanda comprensión, compañía y esperanza de los pacientes y de sus cuidadores.
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¿Por qué un libro sobre el cáncer?

Porque en los casi 15 años que llevo ejerciendo el periodismo me he encontrado con muchas situaciones que me han llamado la atención, pero ninguna me ha impactado tanto como las reacciones de las personas ante la enfermedad. Y, dentro de la enfermedad en general, he visto que el cáncer desencadena una serie de conductas que me ha parecido interesante tratar de explicar con detalle. Y no se me ha ocurrido mejor manera de hacerlo que recurriendo a testimonios de afectados por tumores y de personas que han sido cuidadoras de enfermos.

¿En la decisión de escribir este libro hay una voluntad de ayudar a los enfermos?

Sin duda. Pienso que casi todos los que hemos pasado por una enfermedad, aunque sea leve, tendemos a interesarnos por cómo la han afrontado otros: qué síntomas tuvieron, a qué médicos acudieron, qué medicamento les vino bien, cómo mantuvieron el buen ánimo… En el caso del cáncer, las preguntas son básicamente las mismas, pero adquieren un carácter dramático…

¿Por qué?

Por la agresividad de la enfermedad y por todas las connotaciones que lleva consigo, no sólo personales, sino también familiares y sociales. Por poner un ejemplo que puede parecer secundario: hay enfermos, sobre todo mujeres, que sufren un shock muy fuerte al verse sin pelo a causa de la quimioterapia. Probablemente saben que es un factor de escasa relevancia en comparación con todo lo que tienen encima, pero no pueden evitar la conmoción que supone ser un enfermo “público”, que lleva la enfermedad en la cara. Pienso que a la enfermedad le ocurre un poco como al enamoramiento: sólo se entiende de verdad cuando se pasa por ella.

Los demás pueden intentar acompañar…

Los demás pueden intentar ponerse en su lugar, comprender, pero a veces no es tan fácil. El libro intenta contribuir también a que todos entendamos un poquito mejor lo que pasa por la cabeza y el corazón de estas personas, a aumentar la empatía con ellas y, por consiguiente, a poder ayudarlas con más eficacia.

Pese a todo, los principales destinatarios del libro son los enfermos…

Eso es lo que yo supongo. En especial, los que han recibido recientemente el diagnóstico y demandan una orientación, porque el golpe inicial al recibir la noticia es demoledor. Y también los que llevan años luchando contra la enfermedad. Estoy hablando de un colectivo enorme. Sólo en España, cada año se detectan 165.000 nuevos enfermos de cáncer. Gracias a Dios, las tasas de curación van aumentando paulatinamente. Ahora mismo, en torno a la mitad de los afectados superan el cáncer. Está justificado ver la botella medio llena.

Se han publicado antes libros parecidos.

Que yo sepa, el que ha alcanzado mayor difusión es el Mariam Suárez, “Diagnóstico cáncer”, que ha demostrado los beneficios que pueden aportar estos testimonios. Pero la hija de Adolfo Suárez ya no está entre nosotros y me parece que a los pacientes les ayudan sobre todo las referencias de gente que ande por la calle. Mi libro es un libro de supervivientes y, desde ese punto de vista, pienso que puede insuflar optimismo y ser una fuente de motivación y estímulo.

¿Cómo eligiste a los entrevistados?

Buscando interés y variedad. Algunos son famosos (el periodista José María García; el Padre Ángel, de Mensajeros de la Paz; Blas Herrero, empresario de la comunicación, relata cómo cuidó a su padre; María José Ramos, consejera del Gobierno de Asturias, narra su experiencia en el prólogo…), otros son desconocidos. Unos son mayores, otros jóvenes. Unos son creyentes, otros no…

¿Y qué tienen en común?

Que han afrontado el cáncer con coraje y con valentía, y que se han prestado a poner sus experiencias, algunas de ellas muy íntimas, al servicio de los demás. Les estoy muy agradecido por este pedazo de su vida que me han confiado para que yo lo administrara. Espero haber respondido a esta confianza. En realidad, sólo he sido un administrador. Ellos son los autores del libro. Y no exagero cuando digo que sólo por conocerles ya habría valido la pena escribir este libro.

¿Por qué optaste por el formato de entrevistas?

Para no “teledirigir” las historias. Para no correr el riesgo, incluso sin pretenderlo, de querer encorsetar a todas estas personas en mi esquema mental. He querido que, a partir de un cuestionario básico, cada uno contase su experiencia a su aire, con sus propias palabras, profundizando hasta donde cada uno considerase oportuno…

¿Te ha costado mucho elaborarlo?

El esfuerzo ha sido mucho menor que el beneficio moral que he obtenido. Aunque el libro acaba de empezar a rodar, ya me han llegado unos cuantos ecos que me llenan de satisfacción, de personas que se han visto consoladas, comprendidas y reflejadas en algunas de las historias. El enriquecimiento que supone conocer de primera mano estas experiencias es impagable.

copia-de-jfa_8278.jpg¿Es duro bucear en el dolor?

Reconozco que, durante las conversaciones, viví momentos que me pusieron la piel de gallina. Habría que tener el corazón de piedra para quedarse tan tranquilo. Espero haber sido capaz de transmitir estos sentimientos, no como emociones gratuitas y facilonas, sino como experiencias profundas y sinceras.

Como periodista, ¿no has tenido la sensación de hurgar en unas experiencias negativas?

Todo lo contrario. Pienso que el libro enfatiza los aspectos más positivos, sin ocultar los negativos. La experiencia nos dice que lo bueno de lo malo es que siempre encierra algo bueno. Y lo bueno del cáncer es que saca de las personas lo mejor que llevan dentro. Algo que ni ellos mismos sabían que llevaban. Los protagonistas dicen con mucha frecuencia: “No sé cómo pude con la enfermedad, creo que si me ocurriera otra vez no podría”.

Entonces, ¿somos más fuertes de lo que pensamos?

Por supuesto: la capacidad del ser humano frente a la adversidad y el sufrimiento es superior a lo que el propio individuo presupone. Y si la situación volviera a repetirse, muy probablemente volverían a sacar fuerzas de donde aparentemente no las había.

Esto tiene algo de misterioso…

Eso me ha parecido a mí. Son misterios de la condición humana, que a veces anda algo despistada entre tantos afanes materialistas y de bienestar meramente biológico… Misterios de esa energía interior que albergan conceptos como familia, amigos o esperanza, que hoy son más necesarios que nunca y que en estas situaciones se convierten en determinantes.

Son experiencias que cambian el modo de ver la vida.

Y tanto. Siempre me ha llamado la atención las profundas alteraciones que enfermedades como el cáncer introducen en la escala de valores de quienes las sufren (admito que no de todos). Los aspectos materiales, el hedonismo y el consumismo pasan a segundo plano. En los primeros puestos quedan la salud humana y espiritual, los seres queridos, la vida vivida como un regalo que se agradece en cada nuevo amanecer…

¿Por qué el título “Coraje frente al cáncer”?

Pienso que el coraje es una característica específicamente humana, una consecuencia del amor a la vida, una capacidad de sobreponerse a la tribulación, una brújula para encontrar el sentido del aparente sinsentido…

¿Algunas historias del libro relatan la muerte de maridos, hijos…?

Pero todos los protagonistas del libro muestran coraje. Algunos de ellos, es cierto, cuentan cómo lucharon junto a sus seres queridos y cómo perdieron la batalla. Pero entiendo que eso de las batallas perdidas merecería un capítulo aparte. Analizar el sentido y la aceptación de la muerte requeriría muchos libros más gruesos que éste… o tal vez menos libros y una simple mirada más penetrante a lo que somos y estamos llamados a ser, al potencial que encierra el ser humano.

¿Qué has pretendido con esta ardua aventura?

Parafraseando al cardenal Ratzinger (hoy Benedicto XVI), he querido decir algo que mañana no sea ya irrelevante. Algo mínimamente perdurable. Los periodistas trabajamos con la premisa de que esa gran noticia que estamos escribiendo a las ocho de la tarde estará envolviendo pescado a las doce del mediodía siguiente. La actualidad es, por sí misma, volátil. Pienso que casi todos los periodistas añoramos en un momento dado de nuestra carrera pronunciar una palabra cuyo eco resuene al menos durante varios días… Y no sigo porque sospecho que me estoy poniendo algo petulante.

¿Ha sido una tarea agradable para ti?

Por supuesto que un trabajo así tiene momentos más complicados, pero la satisfacción de ver culminado un proyecto es muy superior. Mi aspiración era hacer algo que me gustase y que fuese útil para quienes lo necesitan de verdad. Soy miembro del Opus Dei y aprendí de San Josemaría que la opción por los pobres tiene un sentido muy amplio: pobre es el que carece de algo que para él es realmente imprescindible. Y en la enfermedad grave son imprescindibles la comprensión, la compañía, la esperanza y una brújula para encontrar el sentido del dolor. El libro quiere aportar algo de todo esto.

¿Cómo se puede conseguir el libro?

Lo mejor es contactar con la editorial a través del teléfono (985 10 22 22) o con el autor mediante correo electrónico (pabloalvarez2007@gmail.com).

J. L. G.

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