«Como empresaria y cristiana, para mí el cáncer es una oportunidad, no un problema»

La ovetense Kike Gómez Haces, impulsora y presidenta de la Asociación Empresa-Mujer (Asem), relata su batalla contra un tumor cerebral

17 de marzo de 2010
La Nueva España.- Pablo Álvarez

Ella no se acuerda de nada, pero todo comenzó en la mañana del pasado 4 de marzo, miércoles, cuando su hermana Charo notó que comenzaba a hacer y decir cosas sin sentido. Kike Gómez Haces fue operada al día siguiente.

LA NUEVA ESPAÑA: Kike en una fotografía tomada en 2003

Opus Dei - LA  NUEVA ESPAÑA: Kike en una fotografía tomada en 2003

El despertar
«No me enteré. Hay un paréntesis en mi memoria. Yo perdí una semana de mi vida: la semana previa a la operación. Luego, cuando ya estaba en la uvi y me desperté de la anestesia, me enteré de que me habían operado de un tumor cerebral. La operación duró de cinco de la tarde a diez de la noche.A eso de la una de la madrugada me desperté y dije: “¿Qué hago aquí?”. Y me explicaron».

Oraciones y un bocadillo de jamón
«Supongo que tendría que haberme puesto a llorar, a desesperarme, pero noté la fuerza de muchísima gente que estaba rezando por mí. Me di cuenta de que tenía una fuerza que no era mía y que me daba una gran paz interior.Y como tenía muchísima hambre, pedía a gritos por toda la uvi un bocadillo de jamón. En el Centro Médico fueron muy pacientes y no me echaron. Soñaba con un bocadillo de jamón, pero no había manera».

Vitalidad en estado puro, Kike Gómez Haces nació el 19 de septiembre de 1954 en Puebla (México). Siete años más tarde, su familia, llanisca de origen (porruana, para más señas), retornó al Principado y se estableció en Oviedo. Poco después, falleció su padre, y su madre, Magdalena, hubo de afrontar en solitario la tarea de sacar adelante a sus cinco hijos, dos de ellos discapacitados psíquicos (ya fallecidos). El quinto hermano es José Antonio, quien aplica al ejercicio del sacerdocio el extraordinario dinamismo que caracteriza a la familia. Fue ordenado cura después de ser jefe de marketing del grupo periodístico Recoletos. Volvemos a la historia de la enfermedad de Kike.

Papel y lápiz
«En la uvi estuve poco tiempo. A las nueve de la mañana pedí un papel y un lápiz para apuntar todo lo que tenía en la cabeza: cosas del trabajo o de mujeres a las que me había comprometido a pasarles una información o a decirles algo. Doce cosas, o así. Las escribí y ya fui una mujer feliz. Luego vino el médico y me explicó la gravedad de la situación y los pasos que teníamos que dar».

LA NUEVA ESPAÑA: En un despacho de la Cámara de Comercio de Oviedo el pasado mes de mayo

Opus Dei - LA  NUEVA ESPAÑA: En un despacho de la Cámara de Comercio de Oviedo el  pasado mes de mayo

En Kike Gómez Haces, la expresión «cosas de mujeres» significa asuntos relacionados con su condición de fundadora y presidenta de la Asociación Empresa-Mujer (Asem) de Asturias. Un colectivo al que, junto a Carmen Rodríguez, dio vida en 1996 con el objetivo de apoyar a las mujeres que montaban empresas, fomentar en ellas una cultura empresarial y promover la conciliación entre familia y trabajo. Asem es actualmente una red virtual de 1.600 mujeres y una entidad de 300 mujeres asociadas.

El móvil, colapsado
«Había desviado mi móvil al de mi hermana Charo, y con tantas llamadas y mensajes se estropeó el aparato. Lo único que pido a la gente es que recen por mí y, si no son creyentes, que vayan a la Virgen de su pueblo y pidan “por mi amiga Kike”, y ya está. Unos me dicen que van a rezar, y los que no rezan me mandan su energía: una buena combinación».

Las visitas no molestan
«Estuve ingresada casi dos semanas. Vino muchísima gente a verme y lo agradecí muchísimo. Venían con sensación de molestar, pero nunca me ha molestado una visita. Al revés: siempre ha sido un apoyo. Hombre, Cristina, ¿qué tal…?».

Cristina es una limpiadora del auditorio Príncipe Felipe de Oviedo, en cuya cafetería de la planta baja se desarrolla la conversación con LA NUEVA ESPAÑA. «Acaba de llamarte Pepe Cosmen; que cualquier cosa que necesites, que le llames», le sopla su hermana Charo.

LA NUEVA ESPAÑA: Kike recibió un homenaje el pasado mes de diciembre

Opus Dei - LA  NUEVA ESPAÑA: Kike recibió un homenaje el pasado mes de diciembre

Una familia fiestera
«Siempre agradecí las visitas, las llamadas, los detalles. Como todo el mundo sabía que había pedido bocadillos de jamón, me regalaron mucho jamón y chorizo. He hecho dietas toda la vida. No es que coma muchísimo, pero toda la familia somos muy fiesteros, y las fiestas siempre engordan. Organizábamos fiestas en el Centro Médico todas las noches: unas fiestinas. Llegaba Chema, el neurocirujano, y nos veía repartiendo una tortilla de patatas con chorizo.Venía Maite, una amiga nuestra, que es médico, cruzaba los brazos, y nos decía: “No tenéis ninguna cultura hospitalaria”. Pero acababa comiendo tortilla».

Kike Gómez Haces, soltera, ha vivido en Oviedo, Pamplona, Valencia, Murcia y de nuevo en Oviedo. En la Universidad de Navarra estudió Periodismo, pero ya en Valencia, donde ejerció por vez primera, decidió que quería ser empresaria. Retornó a Oviedo en 1993.

Sembrar y recoger
«Notas que hay mucha gente buena.Y que recoges lo que siembras, aunque yo he recogido mucho más de lo que he sembrado. La gente de mi entorno se ha portado increíblemente.Y me impresiona la cercanía de mucha gente que no sabía tan próxima. No he echado de menos ningún mensaje. Incluso me han llamado compañeras de la carrera a quienes no veía desde hacía más de 30 años».

Regalos y familia

Charo y Kike Gómez Haces

Opus Dei - Charo y  Kike Gómez Haces

«Me encanta que me regalen cosas. Regalos para compartir. Fue superbonito. En el hospital me acompañaba Charo, mi hermana, que administraba las visitas, y luego cada día venían varias personas del Opus Dei. Yo soy del Opus Dei. Mi madre venía un ratín al día. O sea, mis dos familias, y eso para mí fue muy importante».

Sola, nunca
«La enfermedad es muy dura, pero la enfermedad con acompañamiento es una cosa muy distinta. El acompañamiento es muy importante en todas las situaciones, pero en la enfermedad mucho más. Nunca me sentí sola. También se volcaron las mujeres de Asem».

El tratamiento deja huella en su rostro, levemente hinchado. Usa peluca. Pero no ha perdido su singular modo de expresarse. Dotada de una permanente retranca, tiende a la hipérbole: «Los regalos me vuelven loca», «ha venido a verme gente que no veía desde hacía mil  años». Abunda en prefijos superlativos: «Chema Torres es un hipermédico, una superpersona, un superprofesional que me hizo sentirme superbien»; «en el Centro Médico he estado superagusto». Desdramatiza con sufijos diminutivos: «Supongo que en adelante siempre tendré que tomar unas pastilluquis…»; «el cuerpo es como una maquinina, y está bien o está mal». Prosigue el relato.

El paso más duro
«Me dicen que tengo que irme a Madrid para seguir el tratamiento. Esto es lo que más me cuesta, porque supone romper con tu vida habitual, dejar cosas que te había costado mucho conseguir. Cuando estás enfermo te ayuda mucho el entorno: no quería irme del Centro Médico, porque te entra el síndrome de la desprotección. Pero nunca tuve miedo. Mucha gente me pregunta como en voz baja: “¿Ya tienes miedo?”.Y yo respondo: “No, todavía no”».

En una reciente entrevista concedida a la revista asturiana “Chicas”

Opus Dei - En  una reciente entrevista concedida a la revista asturiana

No hay preguntas indiscretas
«Ves que a mucha gente le da vergüenza preguntarte por la enfermedad, como si fuera un tema tabú. Gente que te mira como diciendo: “¿Vivirás o no?”. Y te hablan de cualquier trivialidad. Yo creo que la enfermedad es algo tan natural como la vida misma: hay que desmitificarla. Es terapéutico hablar de estas cosas, nunca me he sentido incómoda hablando de ellas. Como empresaria y como cristiana, para mí el cáncer es una oportunidad, no un problema».

Madrid es fiesta
«Ir a Madrid es lo que más me costó y lo que más me ha beneficiado, porque salir de tu entorno y estar mucho más tranquila es beneficioso. Una amiga me dejó un piso, muy cerca de la clínica. Por la mañana voy al tratamiento –quimioterapia y radioterapia a la vez–, y por la tarde me dedico a recuperar amistades un poco abandonadas. O sea, que en Madrid siguen las fiestas.A veces nos juntamos ocho o nueve personas. Incluso han venido cuatro primas mías desde México. Gracias a Dios, tengo una salud bastante buena y puedo aguantar con relativa fortaleza los efectos secundarios. Noto pérdida de fuerza y un cierto malestar, pero una cosa muy llevadera».

El futuro
Lo que ahora me planteo es terminar con el tratamiento. Sé que voy a quedar menos hábil, que seré una enferma crónica, pero para mí lo más importante es seguir trabajando, apoyando a las mujeres y haciendo todo el bien que pueda a la gente que está a mi lado».

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