Ser atleta también en la vida ordinaria

Elena, deportista asturiana, ha competido durante muchos años y ahora vive con ilusión la formación de jóvenes como Profesora de Educación Física en el colegio Peñamayor de Oviedo.

                                        Elena recogiendo trofeo

Sus éxitos deportivos siempre han estado ligados al Atletismo. Entre ellos, podemos destacar que, como atleta de fondo, ha sido Medalla de Plata en los Juegos del Cantábrico categoría cadete (1986); Campeona Nacional Escolar de 3000 m de pista al aire  libre (1986); Subcampeona Nacional Junior de 3000 m en pista cubierta (1988); Subcampeona Nacional Junior en 10 Km al aire libre (1988); Subcampeona de España de Cross en 1990. Elena sabe lo que se siente al subir al pódium para recoger una medalla, por ello, puede ponerse en la piel de los atletas que han participado en los Juegos Olímpicos de Londres.

¿A qué edad comenzaste a practicar deporte y qué te animó a ello?

Empecé en un CITD (Centro de Iniciación Técnica Deportiva) de Oviedo. Había que entrenar tres días a la semana. Después, entramos a formar parte del Club Oviedo Atletismo, y allí me inicié en este apasionante deporte. Me ayudó que mis padres no me pusieran obstáculos para entrenar y lo vieran con buenos ojos por los hábitos buenos que inculca cualquier práctica deportiva.

¿Qué ha supuesto el Atletismo en tu vida?

El Atletismo me ha ayudado, desde el punto de vista humano, a sobreponerme a las distintas situaciones, tener una lucha deportiva, continuar cuando no te apetecen las cosas, que en aquel momento podían ser los entrenamientos que muchas veces eran solitarios. En definitiva, a tener fuerza de voluntad para dirigir tu vida hacia un objetivo y no desalentarte cuando las cosas no salen según lo previsto, a pesar de los entrenamientos, esfuerzo, sacrificio… Si a esto le añades que eres una persona creyente, en mi caso, numeraria del Opus Dei, el objetivo es la santidad, entrenarte en recomenzar muchas veces al día, y que, por suerte, ya tienes un hábito previo.

El Olimpismo se caracteriza por la defensa de valores. ¿Qué valores crees que aprendes cuando practicas un deporte?

En general, todo el mundo que practica un deporte fortalece su voluntad, aprende a comprometerse, a ser leal, compartir experiencias con los demás, a jugar en equipo, evitar el lucimiento personal… Aunque, si bien es verdad, esta última es más difícil en los deportes individuales (atletismo, tenis, gimnasia…) porque, ciertamente, uno hace el esfuerzo, pero detrás tiene un entrenador que pasa generalmente desapercibido, pero planifica los entrenamientos, sostiene en los momentos malos, dirige… con esto quiero decir que sí ayuda  a ser mejor persona, pero que tiene que estar bien orientado, porque se puede pasar al extremo contrario de pensar que es uno quien hace todo y gira todo alrededor suyo. También es verdad que los que practican deporte a una alto nivel están más expuestos a lesiones y la vida les va haciendo humildes, a desprenderse de los logros, que un año van bien pero quizá al otro no.

¿Qué se siente cuando subes al pódium para recibir una medalla de oro?

La verdad es que una medalla de oro no se recibe todos los días y tiene el atractivo de que es exclusiva. La experiencia que tengo es cuando gané en mi tercer Campeonato España de Juegos Escolares en Categoría Cadete en 3000m. y fueron distintas las reacciones: no creértelo al principio, después parece que sí es verdad y después, pensando en aquella carrera, me vino a la cabeza, mi entrenador, Antonio Fernández, quien planeó la táctica, y, a falta de 500m para terminar la carrera, me dijo que empezara  a tirar, porque sabía mejor que yo que todo el mundo empezaría  a tirar a falta de los últimos 200 o 100 m y yo no tenía mucha velocidad. Así  que me dejaron escapar y cuando quisieron reaccionar, había mucha distancia para alcanzarme. Vuelve a salir que detrás de muchos éxitos hay un buen entrenador, que conoce puntos fuertes y débiles.

Para una persona como tú que vive el deporte intensamente, ¿qué supone, en su vida, llegar a la meta?

Supone terminar lo que has empezado y compromiso con las personas. La meta se saborea cuando hay un esfuerzo y se valora más el alcanzarla. A veces, en la vida, hay momentos que te parecen difíciles y que dejarías cosas que habías empezado con mucha ilusión. Esas crisis pasajeras son una invitación a sobreponerse, a poner a prueba el entrenamiento para llegar a la meta. Este año, que empecé algunas carreras populares, con mi nuevo Club de correconnosotras, experimenté esa sensación de abandonar en una prueba de 10Km, pero, superada esa crisis de mitad de carrera, vuelves a recuperar la confianza en llegar. Lo mismo podría decirse de la vida misma.

El espíritu deportivo implica saber ganar y saber perder… ¿Qué paralelismo harías con el día a día?

Muchas veces la vida nos coloca en nuestro sitio, porque unas veces parece que los éxitos llegan todos seguidos y, en otros momentos, vienen las lesiones y nos colocan en una situación menos privilegiada. Para mí, como persona del Opus Dei, este saber ganar y perder, que lo he vivido en el deporte, intento trasladarlo a la vida diaria, cuando estás en el trabajo y surgen los problemas, roces con la personas, las propias limitaciones. Volver a levantarse muchas veces. Recuerdo un Campeonato de España de Cross. Estaba entre las favoritas y me podía clasificar para un Mundial en Categoría Cadete. Dieron la salida, me coloqué bastante bien, pero, por un problema gastrointestinal, me entró una debilidad tremenda y mi entrenador me dijo que me retirara. A veces necesitas experimentar el perder para darte cuenta de que no termina todo por una mala experiencia.

Elena delante del Hotel Reconquista de Oviedo

Por todo ello, ¿crees que el deporte te forja para ser una persona luchadora que no se rinde ante las dificultades?

El deporte ayuda, pero también la familia y el ejemplo de los padres que exigen que el niño se comprometa hasta el final con el deporte al que se ha apuntado. Diría que se forja una persona luchadora si es constante, si su compromiso lo lleva a cabo.

¿Cómo animarías a los jóvenes a vivir el deporte como parte importante de sus vidas?

La etapa escolar es la mejor para iniciarse en el deporte. Animaría a que participen en las actividades extraescolares deportivas. Lo importante es ser constante y, en esto, los padres tienen su labor de compromiso porque muchos deportes exigen fines de semana para llevar a los niños a partidos, campeonatos, exhibiciones… Esta exigencia les irá creando unos hábitos como observar las reglas del juego, competición honrada, buena actitud deportiva como participante y espectador, hacer frente al éxito y a las limitaciones, estar pendiente de los demás… Estos hábitos, en un contexto deportivo, se aprenden de una manera natural y divertida, y lo podrán trasladar a su vida diaria.

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